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problemaEn Tijuana, México, una mujer observó lo mismo que todos: Una gran cantidad de deportados que necesitaban trabajo. Lo que solo ella vio, fue una oportunidad de convertir el problema en una solución y no solo para sí misma.

 

Rocío Mendez, "Me he perdido muchas cosas que, yo quisiera estar ahí y no estoy en las graduaciones, las escuelas, los agradecimientos, esas cosas que yo debería de estar ahí y que no puedo estar ahí, eso es lo más difícil de estar deportada, no estar ahí con mis hijos".

Como Rocío, son más de 100 mil personas las deportadas anualmente a Tijuana desde los Estados Unidos, lo que impacta duramente la economía local. Pero una nueva idea está convirtiendo el problema en solución.

Socorro Maravilla, "Fundamentalmente nosotros damos soporte administrativo a las operaciones que se realizan en Estados Unidos. Nuestro mercado es eminentemente latino y una de las características fundamentales es que requerimos personal 100% bilingüe. En nuestro proceso de reclutamiento nos percatamos que había un nicho de oportunidad muy grande en los migrantes, porque tenían una cualidad que es muy difícil, que requiere mucho tiempo, que es el manejo, el dominio del idioma inglés, son 100% bilingües".

Por lo cual, Socorro diseñó un programa que llamó, "ganar ganar": Capacitar al deportado en computación para usar sus conocimientos de inglés en el "Call Center". La estrategia convenció a las autoridades de gobierno.

Socorro, "Este programa no autoriza, o le autoriza al Gobierno del Estado, el Gobierno Federal, implementarlo con mínimos requisitos que únicamente son la carta de deportación. Entonces con la carta de migración los podemos contratar, les paga el gobierno".

Los candidatos son seleccionados en el conocido "comedor del padre chava".

Margarira Adobaegui, "Se les comenta: Mira hay una fuente de trabajo, ¿Qué tanto dominas el inglés? Cuando es mayor del 90% inmediatamente ellos son capacitados".

Al terminar la capacitación, estos hombres y mujeres cuentan con un trabajo que les permitirá rehacer sus vidas.

Rocío, "Yo ya estaba esperando que me dijeran que no: Está bien señorita, le voy a dar una oportunidad. Me quedé así como que ¡What! Lo más grande que tengo es que mis hijos ya vienen, ya los veo, están aquí las vacaciones, los fines de semana".

Este programa ya ha beneficiado a más de 250 deportados, y es sólo el inicio.

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