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holocaustoConforme pasan los años, son menos los sobrevivientes del holocausto que continúan con vida, y más, quienes ponen en duda lo que ocurrió. Conocimos a un hombre cuyo reto personal es contarle lo ocurrido a todo el que quiera escucharlo, con la esperanza de que el mundo no olvide ni repita esos días de dolor.

 

¿Qué historias podrían contarte un par de zapatos viejos y una jarra?

Antes de contestar, querrás saber que fueron encontrados aquí, en el campo de exterminio de Auschwitz, al final de la segunda guerra mundial. Es decir, pertenecieron a víctimas del plan genocida de Adolfo Hitler contra los judíos.

María Razo: Si miran la ropa, los calcetines, o los zapatos, usted piensa: Este pudiera ser mi sobrino, pudiera ser mi vecino, pudiera ser yo.

Son parte de la exposición del museo de holocausto de los Ángeles que conmemora a víctimas y sobrevivientes, y también educa a los visitantes.

Hoy recibe a un grupo de estudiantes de Baja California.

Tomás, les da la bienvenida. Él y los artículos del museo tienen en común haberse librado de milagro el fuego Nazi.

A sus 8 años sus padres le dijeron que debía esconderse a toda costa, no hacerlo significaría un tiquete sin regreso, en los trenes de la muerte.

Tomás Kovar: Los alemanes todos los días venían a buscar, hacían lo que llamaban, andaban buscando judíos. Lo único que les interesaba era encontrar judíos. En realidad no me daba cuenta cuánto era el peligro de que era de vida, a pesar de que mis padres me explicaron y todo.

El odio a los judíos y sus costumbres, se fomentaba desde la escuela. Así dibujaban en los libros de texto a los alemanes, y así a los judíos.

Los padres de Tomás usaron su dinero para pagar por un escondite en la casa de un vecino.

Tomás: Por eso yo cuando hablo aquí en el museo, le digo a los jóvenes que es bueno tener un poco de dinero. "No gasten todo" porque en esos tiempos no habían "credit cards'' no se podía cargar al credir card, si no tenías efectivo o joyas de oro, no se podía sobrevivir.

Mientras los aliados avanzaban, los Nazis apuraban su máquina de muerte.

Por eso, Tomás vive agradecido con la familia que les dio refugio y no cedió a las presiones.

Tomás: Les pagamos, pero estaban arriesgando su vida, porque si los habrían pillado, nos abrían pillado a nosotros, les costaba la vida de ellos y de sus hijos también, porque eliminaban toda la familia. Eran gente que se merece, no solo el reconocimiento, más que eso.

Hoy, Tomás ve cada una de sus pláticas como una responsabilidad.

Tomás: Porque hay mucha gente que dice que el holocausto no existió, y en un par de años ya no va a haber este programa de hablarle a los niños, porque ya no van a haber sobrevivientes.

Entonces, ¿Verdad que un par de zapatos y una jarra tienen muchísimas historias que contar?