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¿Crees que sea posible perdonar la infidelidad? Lucila de Medina, en Ecuador, tuvo que hacerse esa pregunta cuando descubrió que su esposo se había involucrado con otra mujer. Su matrimonio tambaleaba, su esperanza estaba casi perdida, pero encontró la respuesta justo a tiempo.
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En nuestra sociedad moderna, los centros comerciales parecen haberse convertido en los lugares preferidos de entretenimiento de las personas. Pero aun así, los mercados se resisten a morir y ofrecen muchas opciones para pasar un buen rato.
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En nuestra sociedad moderna, los centros comerciales parecen haberse convertido en los lugares preferidos de entretenimiento de las personas. Pero aun así, los mercados se resisten a morir y ofrecen muchas opciones para pasar un buen rato.
¡Ay! Eso dolió. Recuerdo esa sensación penetrante del insulto frío y punzante que me hizo mi “amiga” a quien llamarémos Nicky.
Muchas de mis compañeras pensaban que Nicky era una persona agradable y fabulosa. Usaba su cruz y proclamaba su fe en Jesús. Pero, inocentemente agité su debilidad: los celos. Como respuesta, ella trató de humillarme (aunque ya me sentía humillada).
No quería perdonarla ni pasar tiempo con ella. Quería decirles a otros sobre lo que ella había hecho y atender mi herida.
¿Has sido herido por mucha gente? ¡Te entiendo! ¿Te ha costado superar ese dolor? Puedo identificarme contigo. Pero me ayudó saber que no tengo que “sentir” las ganas de perdonar, sino solo hacerlo.
Hay que darse cuenta que el perdón no es un sentimiento suave y bueno. Es una decisión para evitar que la persona culpable tenga otro castigo en un futuro; es dejar de enfocarte en la deuda del deudor.
Aun cuando no “sintamos” querer perdonar, debemos hacerlo para poder vivir. El “sentir dolor” es un tipo de alarma de incendios que tiene nuestra alma.
Imagínate: Un edificio de apartamentos empieza a incendiarse. En vez de escapar, los ocupantes deciden esperar a accionar cuando “sientan” el calor del fuego. ¿Sería eso razonable? ¡De ninguna manera!
Si no perdonamos, podemos quemarnos con el fuego de la ira. El enojo y resentimiento puede provocar cosas terribles. Al leer el siguiente artículo, no lo podía creer.
“Batavia, Ohio – Un hombre quien, según sus vecinos, tenía una devoción por cuidar su césped, fue acusado por homicidio al dispararle a un joven de 15 años quien al parecer atravesó su patio.
Charles Martin llamó al 911, el domingo por la tarde, para avisar tranquilamente: “He matado un niño”. La policía dio a conocer los contenidos de la llamada telefónica, donde el señor también comentó: “He sido hostigado por él y su familia por cinco años. Hoy fue la última gota”. Martin, de 66 años, le dijo a la policía que varias veces tuvo problemas con sus vecinos porque pasaban sobre su césped. Él se mantiene en prisión hasta el lunes. Sus cuidadores dijeron que no se le había asignado un abogado. Los vecinos dijeron que Martin vivía solo y callado, muchas veces sentado frente a su casa de jardín bien cuidado y banderas colgando de un poste. Joanne Ritchie, de 46 años, dice que el joven era conocido como un “buen muchacho” y consideraba que Charles Martin era amistoso”.
¿No te parece trágico? ¿Cuál fue la raíz del asesinato?: La falta de perdón.
Debemos perdonar a otros por “invadir” nuestras vidas. Sino lo hacemos, es como irrumpir contra Dios.
Algunas personas “esperan un tiempo” antes de perdonar. Dicen que no están “listos” para hacerlo. El esperar invita a guardar rencores y estos crecen.
Con razón Dios lo hace tan claro: ”Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas” (Mateo 6:14-15, NVI).
Si tú no perdonas a otros, eres como Pedro. Al comienzo a él no le gustó la idea de perdonar siempre a todos:
“Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: -Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces?
Obviamente a Pedro le costaba perdonar. ¿Cómo respondió Jesús? Bueno, lo vemos en Mateo 18:22-35:
—No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete —le contestó Jesús—. Por eso el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al comenzar a hacerlo, se le presentó uno que le debía miles y miles de monedas de oro. Como él no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su esposa y a sus hijos, y todo lo que tenía, para así saldar la deuda. El siervo se postró delante de él. "Tenga paciencia conmigo —le rogó—, y se lo pagaré todo." El señor se compadeció de su siervo, le perdonó la deuda y lo dejó en libertad. Al salir, aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien monedas de plata. Lo agarró por el cuello y comenzó a estrangularlo. "¡Págame lo que me debes!", le exigió. Su compañero se postró delante de él. "Ten paciencia conmigo —le rogó—, y te lo pagaré." Pero él se negó. Más bien fue y lo hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda. Cuando los demás siervos vieron lo ocurrido, se entristecieron mucho y fueron a contarle a su señor todo lo que había sucedido. Entonces el señor mandó llamar al siervo. "¡Siervo malvado! —le increpó—. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haberte compadecido de tu compañero, así como yo me compadecí de ti?" Y enojado, su señor lo entregó a los carceleros para que lo torturaran hasta que pagara todo lo que debía. Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de corazón a su hermano.
La ilustración de Jesús no deja duda: el perdón es deber y no un “tal vez”.
Grandes noticias: Si una persona confía en el Espíritu de Dios como su auxilio, es posible que puedas perdonar lo que sea. Si piensas que no puedes perdonar, sí puedes. Si no, estás equivocado: solo estás decidiendo de que no lo harás. Todos, con la fortaleza de Jesús, pueden perdonar cualquier ofensa.
¿Aun dudoso? Bueno, muchos cristianos han perdonado a asesinos. Por ejemplo, los Nazis mataron toda la familia de la reconocida Corrie Ten Boom. Pero con la ayuda de Jesús, ella los pudo perdonar.
La falta de perdón es tan seria como la ofensa. Cuando nuestros corazones guardan el rencor, lastimamos el corazón de Dios. Cuando decidimos no perdonar, decidimos rehusar la ayuda del Espíritu Santo. Él quiere ayudarnos, si lo aceptamos.
Dios te perdonó a ti y a mí. Él sabe cómo ayudarte a perdonar a otros.
Consejos para perdonar:
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Recuerda tu debilidad. Tú y yo no somos perfectos. ¿Dónde estaríamos si nadie nos perdonara?
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Medita en lo que Jesús hizo para perdonarnos. Imagínate a Jesús, sangrando en la cruz, escogiendo perdonar a la humanidad. (Al pensar en eso, me siento tan humillada, ¿cómo puedo yo guardar rencor cuando he sido perdonada?)
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Pídele a Jesús que te dé poder del Espíritu Santo para perdonar.
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Luego, cambia los pensamientos de juicio con motivación. (Esto puede requerir práctica, pero hace una gran diferencia).
Pidámosle a Jesús que nos ayude a perdonar a otros libremente. Pidámosle que nos llene con su gracia, misericordia y amor. Con su ayuda, tú y yo podemos perdonar lo que en algún momento consideramos “imperdonable”.
Sí, yo perdoné a Nicky. Después pasó algo increíble: ¡Maduró en su fe cristiana y se convirtió en una gran amiga! (Hasta el día de hoy ella no sabe que me hirió). También he perdonado a otros quienes me han herido y también se han vuelto mis amigos. ¡Habría perdido unas grandes amistades si yo hubiese guardado rencor!
Perdona y da a otros lo que has recibido del Señor: una cuenta nueva. ¿Quién sabe? Tal vez tengas más amigos en el proceso, ¡cómo yo!
Por Stacie Ruth Stoelting - Escritora invitada
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