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Tres principios para las madres

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PobreEl mejor 

madresAntes de tener hijos, tenía una lista de lo que era ser una buena madre. Era algo así:

• Cuando sea mamá, amaré a mis hijos.

• Cuando sea mamá, no dañaré físicamente a mis hijos.

• Cuando sea mamá, tendré un hogar pacífico y amoroso.

• Etc.

La lista se dio a raíz de mis propias experiencias y esperanzas. Crecí en una familia disfuncional y prometí no repetir ese comportamiento que recibí. No tenía idea cómo hacerlo, pero sabía que lo iba a intentar.

Cuando nació mi primera hija, creí que era la mejor mamá del mundo. Ella dormía pocas horas, pero era muy juguetona y observadora. Cuando Leslie tenía 10 meses, supe que estaba embarazada nuevamente… ¡de gemelos! Acababa de cumplir 24 años, cuando nacieron Ryan y Melissa. El título de “Mejor Mamá” me fue quitado, tan pronto tenía que lidiar con amor, cólicos, falta de sueño y un sentido de culpabilidad.

Amo a mis hijos, pero conforme crecían mi lista fue modificada. Descubrí que una lista no era suficiente. En cada etapa de sus vidas había retos. Ser madre a veces es muy duro.

Estuvo genial que me impuse metas, pero necesitaba más. Necesito saber qué hacer. Así que intercambié mi lista por estos principios:

Los tres principios que cada madre debe saber

• Las mamás no pueden temer pedir ayuda.

• Las mamás a veces cometen errores, pero podemos aprender de ello.

• Las mamás deben nutrir la fuente.

Pedir ayuda

Porque no tenía gran conocimiento, busqué ayuda. Leí libros y revistas acerca de la maternidad. Hice preguntas a mujeres de confianza cuyos hijos mostraban frutos de un buen hogar. La escritora Susan Yates dijo: “No sólo nuestros hijos necesitan buenos modelos, nosotras también”. Necesitamos de otros que sean ejemplos y nos puedan ayudar con preguntas acerca de la crianza de nuestros hijos.

Mi suegra se convirtió en una de mis modelos a seguir. Podía llamarla cuando mis hijos le salían sus dientes o estaban irritados. Ella oraba por mis hijos cuando eran más grandes y tenían que tomar decisiones críticas, aprendían a manejar, etc. Pedirle ayuda al principio no fue fácil, pero podía pretender que todo estaba bajo control o ser honesta. Ella me compartió historias y consejos; pude empezar a ver que si mi mentora luchó con días duros, ¡debe ser algo normal!

Mamás, aprendan de sus errores

Podemos revolcarnos en el fracaso, culpar nuestros hijos u otras personas, o podemos aprender de nuestros errores. Cuando usted se encuentra siendo el tipo de madre que no desea ser, hágase estas cuatro preguntas:

1. ¿Qué incitó esta acción o respuesta?

Saberlo le ayudará a identificar los detonadores. ¿Estaba cansada? ¿Algún método que usa está creando más daño que bien? ¿Cuál fue el verdadero motivo del descontrol?

2. ¿Hay una mejor forma de manejar la situación?

En mi niñez, el enojo era una herramienta de los padres. Sería fácil usar ese método con mis hijos, ¿pero es lo mejor? Como gritos y humillación no funcionan (nunca funcionan), ¿qué sí funcionará? Considere métodos alternos, como consecuencias razonables y consistentes, motivación y comunicación.

3. ¿Qué puedo aprender de esto?

Puedo seguir castigándome cuando me equivoco, o puedo ser como una alumna y aprender de mis errores.

¿Qué lecciones puede aprender? ¿Qué hace bien? ¿Qué funcionó, y por qué?

4. ¿Resolví la situación con mi hijo(a)?

Cuando uno de mis hijos estaba en la secundaria, perdí mi temperamento y maneje incorrectamente una situación. Mi hijo puede decir que todos estábamos equivocados, pero lo qué más recuerda es que luego él y yo nos sentamos a trabajar juntos el problema.

Nuestros hijos saben que no somos perfectos. Pero hágales saber que su relación siempre estará firme porque no dejara asuntos sin resolver.

Nutrir la fuente

La última clave para un buen hogar, es cuidarse a sí misma todo el camino. No es razonable esperar que sus metas se cumplan cuando usted no duerme, además de sentirse culpable y abrumada. Cuando tenía tres hijos, todos menos de 2 años, aprendí que hacer malabares con las tareas eventualmente caería sobre mi cabeza.

Al inicio, traté de hacerlo sola. No sólo cuidaba los pequeños y la casa, sino que nunca estaba sola. Hacía las compras y otros mandados con tres niños en un choche (parecía que empujaba un tren). Caminaba de aquí para allá con un bebé que sufría de cólicos, tratando de ser paciente.

Necesitaba ayuda. Me inscribí en un programa llamado “Día Libre de Mamá” en una iglesia local. Era un buen programa, que no costaba mucho dinero, que tenía profesionales que cuidaban a los niños pequeños por unas horas a la semana. Las madres tenían un par de horas para ir al súper mercado o incluso pintarse las uñas.

¿Qué hacía yo? Una vez a la semana, dejaba a mis hijos en manos capaces y me devolvía a mi cama a dormir una siesta. A partir de ese momento, sabía que si un miércoles me sentía abrumada, podía contar con que el viernes podría atender mis necesidades. No era mucho, pero era suficiente.

Aun me cuido de formas pequeñas. No tengo suficiente dinero para pagar un masaje o regalos costosos, pero sí puedo ir a dormir a la misma hora cada noche. Puedo comer sanamente, caminar a diario (aunque sea media hora). No lo hago sólo por mí, sino porque vivo en un mundo estresante y debo cuidarme, ya que soy quien nutre mi familia.

Recuerden madres, esto es un proceso continuo

Su hijo puede en este momento estar durmiendo en su cuna, o alistándose para salir con su novia, pero en cualquier instancia, estos principios le pueden ayudar. Recuerde que ser madre es un proceso continuo. Cada día tenemos una oportunidad para renovar las metas, enmendar errores y, seguir aprendiendo y creciendo como madre y persona, conforme influenciamos a nuestros amados hijos.

Escrito por T. Suzanne Eller - Escritora invitada.

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