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¿Crees que sea posible perdonar la infidelidad? Lucila de Medina, en Ecuador, tuvo que hacerse esa pregunta cuando descubrió que su esposo se había involucrado con otra mujer. Su matrimonio tambaleaba, su esperanza estaba casi perdida, pero encontró la respuesta justo a tiempo.
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Luego de cuatro años Funky regresa no solamente con disco nuevo, “Reset” sino con un libro. Disfruta de la entrevista que le realizamos en el Club 700 Hoy.
En nuestra sociedad moderna, los centros comerciales parecen haberse convertido en los lugares preferidos de entretenimiento de las personas. Pero aun así, los mercados se resisten a morir y ofrecen muchas opciones para pasar un buen rato.
Es Navidad y, estoy en quiebra
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Este año, soy una de tantas afectadas por la decadencia económica. Se acercan las fiestas y no tengo suficiente dinero. Muchos de ustedes quizás se sientan como yo: deprimidos, preocupados y sin esperanza. Simplemente, no puedo celebrar la Navidad como lo solía hacer.
Usualmente, compro obsequios moderados para mi cónyuge, hijos, hermanos y padres, también regalos para otras personas como huérfanos, viudas y gente necesitada de mi congregación. Este año no se podrá. Estamos luchando con pagar nuestra casa, gastos regulares y necesidades. Nuestros ahorros desaparecieron hace meses, cuando la empresa de mi esposo dejó de ser próspera y ayudamos a otros más necesitados.
¿Qué haremos? No nos gusta nuestra situación, aunque no es la primera vez. Nuestro pasado de supervivencia de una Navidad anterior, me ayudó a recordar qué debemos hacer.
Nuestra historia
Hace muchos años, cuando mis hijos tenían edad escolar, llegó un diciembre muy triste. Mi marido había sufrido un accidente, y estuvo fuera de trabajo. Yo era empleada por contrato, por lo que mis ingresos eran fluctuantes. Teníamos muchas deudas y ya se acercaban las fiestas.
Como pareja, oramos a Dios pidiendo dirección y sabiduría. Derramamos nuestros corazones ante el Maestro, expresando cómo nos sentíamos tan fracasados porque no podíamos proveer una Navidad para nuestra familia. Descubrimos la guía de Dios en medio de estas oraciones: Él quería que dejáramos de preocuparnos y, recordar que esta celebración no es de dar obsequios. ¡Se trata de Cristo! Entendimos que debíamos estar concientes y agradecidos por el nacimiento de Jesús, quien nos salva de nuestro pecado. Fuimos recordados que la depresión y la ansiedad no son parte del plan de Dios.
Así que, juntando a nuestros hijos, les dijimos que íbamos a celebrar la Navidad de forma distinta ese año. Que habríamos de honrar al Rey de reyes… festejar el cumpleaños espiritual de Jesucristo. Como podrán imaginarse, los niños no estaban muy convencidos.
Mi esposo y yo estábamos en paz con el plan, y caminando en fe no nos sentimos como personas fracasadas. Sin embargo, vivimos en un mundo material, y continuamos entregándole a Dios nuestra preocupación por los regalos que querían nuestros hijos.
Conforme se acercaba la Navidad, tuvimos la fortaleza suficiente por medio del Espíritu Santo para celebrar el nacimiento de Cristo con adoración y gratitud por su vida, muerte y resurrección. Seguimos adelante, y nuestros hijos nos seguían aunque dudosos.
En Noche Buena asistimos a un culto en la iglesia. Fue hermoso y una gran confirmación de cómo estuvimos celebrando la ocasión en casa. A la salida, un encargado nos dijo que había unos regalos para nuestra familia. No les dijimos a los niños sobre esto, y escondimos los presentes. Yo tuve que evitar que cayeran las lágrimas de gozo, sólo con saber que había algo para que mis hijos abrieran.
Los niños se fueron a dormir, y mi marido y yo oramos en gratitud al Señor por los regalitos, los cuales guardamos hasta la mañana siguiente. No habíamos compartido nuestra situación financiera con otros, pero Dios había tocado corazones para obsequiarnos más de un presente para cada uno de nosotros. No sabemos quiénes físicamente dieron tan amablemente, pero sabíamos que venían de Dios.
Al despertar, los chicos estaban tan sorprendidos al ver regalos, que se preguntaban si habíamos cambiado de opinión. Les dijimos que no, pero cómo Jesús había querido que ellos tuvieran algo con qué celebrar su nacimiento, no le íbamos a llevar la contraria.
Ahora de adultos, mis hijos aun relatan la historia de cómo hubo un año de obsequios especialmente escogidos por Jesús.
Las lecciones aprendidas
Nuestro orgullo trató de arruinar esa Navidad, y lo está intentando nuevamente. Nos sentimos tan mal por no poder proveer. No queríamos ser un caso caritativo y nos sentíamos avergonzados. Luego, Dios nos llevó de la mano y nos mostró:
1. No hay que temer
Como siempre, preocuparse no cambia nada y no glorifica al Señor. Debemos recordar no enfocarnos en las circunstancias, porque podemos empezar a tener temor, y eso invita al enemigo a tratar de mostrarnos un recuadro depresivo para nuestras vidas.
“Temer a los hombres resulta una trampa, pero el que confía en el Señor sale bien librado” – Proverbios 29:25
2. Él es nuestro proveedor
Todo le pertenece a Dios. Él tiene el poder de darnos lo que necesitemos y disfruta bendecir a sus hijos. Cuando estuvimos listos para experimentar una Navidad sin regalos, Dios decidió darnos obsequios, pero fue más que algo material: fueron presentes de bondad, amor y compasión.
“A ese sitio Abraham le puso por nombre: El Señor provee. Por eso hasta el día de hoy se dice: En un monte provee el Señor” – Génesis 22:14
3. Él bendice a los puros de espíritu
El Espíritu Santo nos lleva a un lugar de paz, donde podemos celebrar el nacimiento de Cristo sin las cargas comerciales de una Navidad consumista. Se necesitó que Dios nos moldeara para lograrlo. Realmente no teníamos dinero, pero Dios usó eso para quitar el motivo errado de la Navidad, junto con la vergüenza y desesperación que teníamos por la falta de dinero. El producto final, fue una familia gozosa de adorar a Dios por el regalo eterno de Jesús.
“Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios” – Mateo 5:8
4. Él se mueve por medio de otras personas
Siempre nos gustaba dar a otros, nos daba gran gozo bendecir a otras personas con lo que el Señor nos proveía. Sin embargo esa Navidad, sin recursos, Dios nos permitió ser los bendecidos. Usó los corazones entregados de la congregación para glorificarse.
“El que es generoso prospera; el que reanima será reanimado” – Proverbios 11:25
5. El orgullo no es de Dios
Inicialmente estuvimos avergonzados porque no podíamos dar presentes. No queríamos que nadie se diera cuenta que éramos pobres. Dios nos ayudó a ver que la riqueza no es algo material, sino espiritual. Él nos regaló paz que sobrepasa todo entendimiento.
“Los pobres volverán a alegrarse en el Señor, los más necesitados se regocijarán en el Santo de Israel” – Isaías 29:19
6. La humildad es buena
Una vez que levantamos nuestras cabezas para exaltar al Señor, a pesar de nuestra lucha financiera, fuimos liberados. Ya no se trataba de nosotros. Habíamos sido humillados por las circunstancias y Dios nos ayudó a caminar hacia delante. Él le enseñó a toda la humanidad lo que es ser humillado, cuando dio su vida en la cruz. En comparación, nuestra humillación no es nada.
“¡Ya se te ha declarado lo que es bueno! Ya se te ha dicho lo que de ti espera el Señor: Practicar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios” – Miqueas 6:8
7. Es bueno seguir ofrendando y diezmando a pesar de las dificultades económicas
Continuamos dando 10% de los pocos ingresos que teníamos en ese momento. Antes de esa crisis, habíamos atravesado una etapa donde entendimos que todo le pertenece a Dios. Aprendimos a devolverle una parte para su iglesia y lo hacíamos felizmente. El monto había bajado por la baja de los ingresos, pero no le íbamos a robar a Dios.
“¿Acaso roba el hombre a Dios? ¡Ustedes me están robando! Y todavía preguntan: ¿En qué te robamos? En los diezmos y en las ofrendas” – Malaquías 3:8
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