Amigos y amigas, hola... hacía muchos días que estaba pensando en sentarme a escribirles por aquí. Es que honestamente estuve super ocupada y lejos de mi computadora, pero esta vez poniendo en orden muchas cositas de nuestra vida personal. Asuntos con mi hijo, la casa, las citas médicas, etc. etc.... Y durante ese tiempo celebramos aquí en Puerto Rico el Día de Acción de Gracias (Thanksgiving). Mi esposo, mi hijo y yo vivimos en un apartamento, pequeño, en el que cómodamente pueden estar cenando digamos que unas 6 a 8 personas.... y ese día tuvimos 16 personas aquí!! ¿Se lo pueden imaginar? Pero yo feliz, me encanta estar rodeada de gente.
Y ni se crean que soy la gran cocinera. Pero me gusta comer y de vez en cuando me animo a cocinar cosas diferentes. Además ya es tradición que mi esposo Armando y yo preparemos la comida de Acción de Gracias. Y luego de ese día, en Puerto Rico prácticamente se inaugura la Navidad, así que empezamos a sentir el ambiente festivo desde ese fin de semana, y también estuve preparándome para recibir la temporada de Navidad en nuestra casa.
En medio de todo esto, tenemos que mudarnos de casa en o antes del 15 de enero, y saben qué?? No tenemos casa aún!! Si han leído algo de lo que he escrito anteriormente aquí, sabrán que soy muy desesperada y que me gusta tener el control de lo que acontece a mi alrededor. ¿Tienen una idea de cómo me siento a menos de un mes de mudarme, y no saber a dónde voy?
Bueno, les cuento algo que me pasó una de estas noches: comencé a leerle a mi hijo Yatniel libros que relatan la historia de la Navidad. Una noche leimos la historia de cuando José y María buscaban dónde pasar la noche, hasta que llegaron a uno de los lugares más sencillos y menos adecuados para una embarazada. Entonces empecé a pensar, "caramba, casi casi estoy como María (claro, no estoy embarazada), de mesón en mesón sin tener un lugar seguro en donde vivir". Pero la verdad es que lo que me llegó al corazón fue recibir la enseñanza de que pase lo que pase con relación al lugar en donde iré a vivir en enero, confío en que Dios estará conmigo y con mi familia, y que lo que Él hará en nuestras vidas trascenderá el lugar en donde estemos viviendo.
Ahora que termina este año, nos gusta pensar en las resoluciones del nuevo año. La verdad es que esta vez no quiero pensar tan a largo plazo. Mi meta es comenzar el nuevo año en una nueva casa, sientiendo la paz de Dios en mi hogar y confiando en su provisión para cada día del año. Así que me concentraré en proponerme, desde ahora, a vivir un día a la vez, y en disfrutar la vida con todo lo que sucede: las altas y las bajas.
Espero que tú también estés pasando días alegres en medio de esta temporada de Navidad, a pesar de que te rodeen circunstancias difíciles. ¿Suena contradictorio, no? Pero bueno, así suelen ser algunas cosas en la vida cuando tenemos a un Dios tan poderoso a nuestro lado, que cambia nuestra tristeza en gozo! Y bien, ya les contaré de mi nueva casa y la mudanza!!

