
En 1982 Steven Hernández cometió robo a mano armada, tal crimen le valió la condena para dos cadenas perpetuas, con tan solo 21 años cumplidos.
En esos años de juventud, su vacío era extremo el cual trataba de llenar con lo que fuera posible, sin embargo, ahora 17 años después, recuerda el miedo en esa noche al cometer el error más grande de su vida, al verse hoy día una persona totalmente cambiada.
Estando en el penal, su vida dio un giro de 180 grados al conocer a Jesucristo quien llenó el vació que tenía y se llevó toda su tristeza.
Steven no tiene acceso al mundo exterior, pero sí tiene libertad y fe viva con el Señor, esperando y creyendo que Dios un día lo va a sacar de ahí, pero consciente que aunque tal vez no salga, nunca le podrán quitar a Jesús de su corazón.

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