
Silvio y Ericka se conocieron en un boliche en 1994 y desde ahí nació una relación que se prolongó por 12 años de noviazgo sin compromiso viviendo el día a día.
Al tiempo Ericka quedó embarazada y decidieron unirse para formar una familia, pero una dura noticia los sorprende, en unos exámenes de rutina Ericka resultó HIV positivo.
Para sorpresa de los médicos a pesar de los 12 años de convivencia, Silvio no se infectó con el HIV pero aún quedaba la preocupación por el bebé, ya que el miedo invadió a Silvio al pensar que lo perdería.
Los médicos inmediatamente recetaron medicamentos para Erika, pero decidieron rechazarlos ya que habían sido advertidos del daño que estos podrían hacerle al niño. Ante este desalentador panorama, la pareja decide pedirle un milagro a Dios.
Silvio no se enojó con Dios, sino que le buscó pidiendo por misericordia para él y su familia. Y así fue, Dios respondió rápidamente el pedido de la familia Hunko y en los controles siguientes se encontró que las cargas virales iban bajando en su cuerpo hasta quedar indetectables. Un mes antes del parto, Ericka estaba libre del virus.
Llegado el día del parto, las once horas en labor complicaron el estado del bebé Gabriel. Al estar tanto tiempo dentro sufrió varios shocks, se tragó varios líquidos y eso le produjo un impacto muy fuerte en los pulmones. Al nacer, nace completamente asfixiado porque los pulmones tenían sangre y agua y no podía respirar, entonces ya los médicos enseguida lo llevaron a neonatología y lo pusieron en terapia intensiva con tubos de oxígeno.
Al día siguiente la doctora informa que no hay esperanza de vida para Gabriel porque aparte de los pulmones heridos, sufrió varios infartos.
Pero Silvio y Ericka seguían orando al Dios que la había sanado del HIV. Ese mismo día Silvio fue a la iglesia y escuchó las palabras del pastor que dijo: “Dios hacia evitar lo inevitable. Los médicos te dijeron que no había salida pero Dios si te da la salida”. Así que Silvio creyó esa palabra, y a partir de ese domingo la salud de Gabriel comenzó a evolucionar para asombro de todos.
Las intravenosas fueron retiradas, ya respiraba mejor, y se había despertado del coma profundo, y a medida que pasaban los días se recuperó hasta que le dieron de alta.
Hoy Gabriel es un niño sano sin secuelas de los infartos y además, negativo de HIV. Silvio y Erika profundamente conmovidos por el milagro saben que la mano de Dios fue la que arregló todo, al escuchar el clamor de ellos y darles a Gabriel como sinónimo de amor.

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