Entre Gritos y Golpes
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Norma Castellanos vivió una infancia marcada por el abandono y la desolación. Esto la llevó a crisis depresivas y un descuido de su propia vida y autoestima.
Disfrute de la entrevista realizada a Jon Montalban, una persona que desde niño le apasionó la música, tanto que fue considerado para una nominación a un Grammy Latino.
Héctor Hermosillo comparte con nosotros consejos acerca de la preciosa oportunidad que tenemos los papás de moldear la vida de nuestros pequeñitos y el breve tiempo que están con nosotros. ¿Cómo debemos de aprovechar esa oportunidad?
Michel y su madre Ericka pasaron momentos de angustia cuando él se enfermó, hasta que Operación Bendición le dió los medicamentos que ellos tanto necesitaban.
"No sé porque continuas adorando y clamando al Señor”, dice la voz impaciente. “Dios no te ama. Si lo hiciera, te bendeciría con hijos. Seguramente pecaste mucho para ser estéril, y no te estás volviendo más joven”.
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Isabel nació en una familia donde escaseaba el amor y las buenas costumbres, creció entre gritos y golpes pero lo que más le afectó fueron las palabras de su mamá las cuales quedaron arraigadas en lo más profundo de su ser.
Isabel: Las palabras que más marcaron mi vida provenían de mi mamá que era la que estaba todo el tiempo con nosotros y recuerdo que esas palabras eran: “negra asquerosa, inmunda, salí de acá, no te puedo ver, eres repulsiva, me das asco…” en ningún momento pensé que ella estaba mintiendo, en ningún momento pensé que era producto de que estaba enojada, yo creía que realmente yo producía ese sentir en las personas, que era inmunda, que daba asco y que no había nada lindo en mí.
A los 11 años cambié de actitud, pensé que si estudiaba iba a tener un lugar, iba a ser respetada si tenía un título, si tenía dinero, ya no iba a importar si era inmunda, si era fea, lo importante era que tenía “un nombre, un lugar y dinero”.
En la escuela tenía muy buenas notas pero no podía relacionarme con mis compañeros, yo tomaba distancia, para que no se dieran cuenta que era inmunda.
Mi corazón estaba muy triste, muy angustiado, al no lograr la aprobación de mi madre, no iba a lograr la aprobación del mundo tampoco, entonces al mirarme en el espejo, me odiaba, me rechazaba, el color de mis ojos, la forma de mis ojos, el color de mi piel, yo decía “¿cómo arreglo esto?”. La vida no tenía sentido para mí, quería seguir durmiendo y cuando al otro día despertaba era un peso, otra vez cargando, conmigo.
Existía la falta de cariño, existía la soledad y mi anhelo de tener novio, mi anhelo de casarme era un dolor muy profundo, porque dije “nunca voy a tener una familia porque ningún varón me va a mirar.”
Pasó el tiempo, los años, una compañera de trabajo comienza a escuchar un programa de radio cristiano. En ese programa se hablaba de Jesús, de Dios, de un Dios que hacía milagros, de un Dios que amaba, un Dios que perdonaba, un Dios que sanaba el cáncer, un Dios que restauraba cosas perdidas y yo enseguida pensé en mi hermana porque ella estaba muy enferma.
Marta (hermana): Yo no quería que la gente me viera así como estaba, aparte, me daban muchos dolores, me atacaban los dolores y no había nada que me calmara.
Isabel: Y yo dije “guau, qué bueno que exista un Dios así, yo tengo que hablar con Él, yo quiero saber quién soy, dónde me equivoqué, quiero saber por qué mi mamá me odia, quiero saber por qué mi hermana está enferma y quiero saber por qué estoy viviendo de esta forma”. En ese programa de radio estaba la dirección de la Iglesia, así que llegué a mi casa y le dije a mi hermana “te vienes conmigo, vamos a hablar con Dios”.
Marta: “Yo no voy ni loca” le digo, pero como ya no daba más y quería salir de la situación que estaba, además era la que me mandaba en ese tiempo, dije, “bueno, te acompaño” y fui con ella.
Isabel: Entramos y una señora que había en la puerta me abrazó y fue un abrazo tan lindo, ella me dijo “¡hola, bienvenida!”, recuerdo que yo dije “guau, me dijo bienvenida”, nadie me había dicho eso, nadie. La gente estaba cantando y adorándole a Dios y a mí comenzó a envolverme una nube tan tibia, tan tierna, y yo supe que eso era amor.
Y recuerdo que le dije “¿tú quieres mi corazón? Mira cómo está, lleno de heridas, de complejos,” y él dijo “te he amado desde siempre pequeña”. Jesús cambió mi vida, Jesús me amó Él no me rechazó.
Y así comencé a conocer a Dios, a escuchar su Palabra, a creer en su Palabra, probé ir diciéndole “mira, Isabel es egoísta, Isabel quiere desquitarse porque le pegaron tanto y le dijeron tantas cosas y aun no soy aprobada por mi madre, tengo tanto bronca en mi corazón” y Él me dijo “quiero que perdones a tu mamá, quiero que la ames, porque yo te he perdonado a ti” y cuanto toco la puerta de la casa de mi mamá, me sorprendo a mi misma diciendo “¿dónde está mi mamá?” mi madre me ve de lejos y sale corriendo y me abraza, yo sé que eso lo hizo Jesús.
Cuando Jesús me toma en sus brazos, cuando yo acepto que entre en mi corazón, cuando yo le pido que me venga y me cambie, comienzo a ver que mi vida se transforma.
Veo que los ojos que no me agradaban eran hermosos, que el color de mi piel era lindo, si combinaba con colores daba como alegría, ¡fue re loco!
Marta: Y hoy doy gracias a Dios a ese día que mi hermana me llevó porque soy feliz, porque ya no tengo esas enfermedades, ya no tomo esas pastillas, me amo así como soy porque Dios me creó a su imagen y semejanza, así que soy linda.
Isabel: Mi vida cambió, mi vida es de Dios, miro las caras de las personas que van a la Iglesia y me pongo cerca de la que más triste está y le contagio el “alaba a Dios, salta, ríete, es para Él, te está mirando”, ¡soy feliz
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