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Sentirse protegida

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Quizás para muchas niñas de Nueva York, una invitación a comer habría sido solo un lindo gesto de un amigo de la familia. Para Jessica Aquino significaba mucho más...

Jessica: Yo tenia alguien que me estaba protegiendo, alguien que me quería, que quería saber quién era yo, porque yo siempre tuve ese sentimiento de que yo tengo un padre que no me conoce y eso me dolió mucho desde pequeña, y este hombre siempre me hablaba y siempre me oía cuando quería hablar de diferentes cosas.

Pero de regreso a su casa, el que minutos antes parecía su amigo y protector mostraría su verdadero rostro.

Jessica: En ese momento él empezó a tocarme y a besarme y, yo sentí que me quería morir porque era otra persona, a la que yo le tuve confianza y me destrozó mi corazón, pero no dije nada, yo sentí que no podía decir, no o para.

Varios años atrás, su padre se había marchado del hogar a causa de su adicción a las drogas. En su corazón, Jessica anhelaba su regreso para contarle todo lo que había sufrido, pero ese día nunca llegó.

Jessica: Él me dio esa esperanza, él me decía, “algún día yo voy a volver y voy a ser tu papá y voy a estar ahí por ti”. Él murió de sida, y cuando él se murió yo sentí que parte de mi murió también, esa esperanza de yo tenerlo, de no poder decirle todas las cosas que me habían pasado, de no sentir la protección de un padre o el amor especialmente. En ese tiempo yo sentí que ya yo no podía, yo iba a hacer todo lo posible para protegerme porque yo ya no tuve a mi papá.

Con ese objetivo en mente se casó muy joven y tuvo una hija. Pero al cabo de unos pocos años descubriría que la fuente de su dolor estaba ahora en la sala de su casa.

Jessica: La esperanza mía cuando yo me casé con mi esposo, era de que yo iba a ser feliz, por fin. Yo mire en la ropa de él y encontré cartas de mujeres hablando de la relación que él tuvo con ellas sexualmente y esto era al principio de la relación de nosotros. Ya yo no tenía esperanza de que yo fuera a ser feliz o que iba a tener una relación normal con ningún hombre.

Cuando su matrimonio terminó, Jessica no solo cambió de estado civil, sino de apariencia.

Jessica: Yo me vestía con pantalones tan cortos y blusitas chiquititas y en ese tiempo yo tuve el pelo bien largo y todo el mundo me decía tú eres sexy. Yo tomaba todos los días, yo iba a los clubs, yo me vestía en una manera que tuve mucha atención de los hombres.
Y yo tuve relaciones sexuales con ellos, a veces ese mismo día, a veces en dos semanas, no importaba. Llegué a un punto donde yo tomaba tanto que no sabía cómo yo llegué al lugar donde yo estaba.

En esa época, a Jessica le tomaron una fotografía...

Jessica: Esa foto para decirte la verdad yo no se donde yo estaba, no me acuerdo con quien yo estaba, no me acuerdo quien tomó la foto, yo nunca me vi en una manera tan fea y el olor en ese tiempo de mi vida era muerte.

Por más que lo intentaba, Jessica no conseguía llenar el vacío de amor que había en su corazón. Por el contrario, parecía hundirse cada día más en su soledad.

Jessica: Lo que yo quería decir es, “ámame, nótame, dame cariño”. Yo ya llegué a un punto donde sentí que nadie me iba a querer. Yo sentí que yo era sucia y que nunca iba a dar algo bueno porque no lo merecía. Yo me sentí tan sucia y tan nada, que yo sentí que Dios nunca me iba a dar nada bueno o bendecirme en ninguna manera, porque yo tenía ese pensamiento de que Dios solamente bendice a la gente buena.

Unas noches más tarde, Jessica llegó al límite de su desesperación.

Jessica: Yo salí de la discoteca y esa noche yo me sentí tan sola. Y no era porque nadie no quisiera estar conmigo, era porque me sentí sola y vacía y me senté ahí y empecé a llorar y de los llantos empecé a gritar, y yo sentí que estaba gritando por todo lo que yo pase, toda mi vida. Y yo no se cuanto tiempo estuve ahí pero me fije que, nadie, nadie me preguntó, ¿estás bien, te puedo ayudar en algo? Nadie. Yo empecé a decirle a Dios, “Dios mío por qué esto me esta pasando, Dios mío yo estoy cansada, no puedo más, no quiero vivir. Haz algo, si eres real, has algo”.

Al día siguiente, en busca de ayuda, llamo a un amigo de su madre que conocía de la Palabra de Dios. Él le recomendó un programa para mujeres llamado “Nueva Vida”. Allí, Jessica escuchó sobre una nueva forma de amor.

Jessica: Lo que más me impacto fue en la Biblia dice, en el Salmo 139 que Dios me conoce. Y para mi eso fue tan real porque yo siempre sentí que nadie me quería conocer, pero ese salmo dice que Él me conoce y más que Él me hizo. Yo le dije a Jesús, “Señor yo te entrego mi vida, cámbiame, límpiame, ámame, dame una vida nueva”.

Jessica se esforzó por alejarse del ambiente autodestructivo en el que había vivido por tanto tiempo y Dios hizo su parte.

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