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Viviendo un Sueño

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A los 18 años, Marisol empaca sus cosas y abandona la pesadilla del hogar de su madre para vivir un sueño con Gary, su novio.

Marisol: Mi hogar era muy violento, había mucho abuso físico y emocional y por esa razón quería salir.

Marisol: Yo pensaba que él era el único que se preocupaba de mí, que me amaba y eso me atrajo a él.

Pero dos meses más tarde, descubre que el lecho de rosas de la casa de Gary tenía agudas espinas.

Marisol: A los dos meses tuvimos una discusión donde Gary me empujó contra la pared y me di en la cabeza y yo empecé a llorar y él me pidió perdón.

Marisol decide entonces que lo mejor es abandonar a Gary, pero él no piensa lo mismo.

Marisol: Dos meses antes de casarnos yo quería terminar la relación, y él se opuso a esa idea. Y fue y buscó un cuchillo y cuando yo le fui a quitar el cuchillo a él, me cortó a mí, en la mano. Estaba toda la sangre en el piso,  él me llevo al hospital y no pude decir que él me cortó, sino dije que estaba cocinando y me corté.

Marisol: Con la mano llena de vendas me casé, dos meses después... Yo pensé en mi ignorancia que casarme iba a solucionar nuestro problema.

Pero más bien sucede lo contrario.

Marisol: Peleábamos por celos, peleábamos por dinero, por la familia, por diferentes razones. Agarraba lo que podía agarrar y le daba a él también, pero finalmente la que acababa en el piso, golpeada, era yo. Fui a las cortes aquí en New York y busqué una orden de protección donde no se podía acercar a mí.

Pero aquella no sería la única vez. En los siguientes diez años, cuando la pareja tiene ya dos hijos, Marisol llega a solicitar  otras órdenes de protección en tres ocasiones más, también gestiona el divorcio en la corte de la ciudad de Nueva York, sin embargo, siempre da marcha atrás.

Marisol: Yo lo perdonaba porque eso era lo que yo veía cuando niña. Yo veía a mi papá dándole pelas a mi mamá y para mi eso era algo normal.

A la espera de una salida que no llega, Marisol empieza a pagar el precio de todos aquellos años de violencia.

Marisol: Eso me destruyó emocionalmente. Yo no tenía autoestima, no dormía de noche, sufría de pesadillas, estaba muy ansiosa todo el tiempo. Yo no valoraba mi vida.

La joven madre busca ayuda en un programa para mujeres y es allí donde escucha sobre una persona que podía ayudarla.

Marisol: Era como una escuela, comía desayunaba y estudiaba la palabra de Dios y ahí en ese programa cuando aprendí que el Señor me amaba a mí, nunca pude ser igual.

En aquel lugar, decide entregarle el control de su vida a Jesucristo.

Marisol: Le pedí que cambiara mi vida, que no sabía, yo no sabía cuan diferente podría ser mi vida, pero si le pedí que tenia que cambiar. El señor me sanó, me sanó de mis pesadillas, de mi temor. Me ayudó a ver las cosas como son, no como estaba criada. Yo veía las cosas y el abuso normal y él me enseñó que no, no es aceptable.

Cuando regresa a casa, eso es lo primero que le hace saber a su esposo: si la violencia no acaba de una vez por todas, el matrimonio si lo hará.

Gary: Y ahí fue que yo dije, en mi mente, ella fue a un programa, yo tengo que hacer algo para cambiar mi vida. Yo lo que quería, yo en un momento de mi vida, quería estar contento y feliz con mi familia. Yo le pedía al Señor, “Señor, tú sabes lo que yo siento, yo no sé”.

Esta vez, Gary acude a un grupo en donde se comparte la palabra de Dios. Por primera vez, sabe lo que tiene que hacer.

Gary: Humillarme al Señor y eso fue lo primero que tuve que hacer, olvidarme de todas las cosas negativas que yo tenía desde la niñez, en mi mente.

Marisol: No puedo decir que fue instantáneamente, porque no fue así pero te digo que cambio, Gary cambió. Ya el abuso emocional no estaba, el abuso físico no estaba. Empezó a coger nuestro matrimonio mucho más en serio y empezó a coger la responsabilidad de un esposo. Comenzamos  a compartir mucho juntos, pasábamos mucho más tiempo juntos hablando, platicando de nuestras vidas y ahora hablábamos de metas.

Diez años después, Gary y Marisol ven los frutos de las decisiones que tomaron.

Gary: Gracias a Dios que mis niños, ellos podrían salir como yo era porque ellos lo que vieron la violencia, pero yo tengo dos niños que son buenísimos

Marisol: El Señor Jesucristo es el único que puede respirar vida a algo que está muerto, porque él lo ha hecho en mi vida.

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