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Norma Castellanos vivió una infancia marcada por el abandono y la desolación. Esto la llevó a crisis depresivas y un descuido de su propia vida y autoestima.
Disfrute de la entrevista realizada a Jon Montalban, una persona que desde niño le apasionó la música, tanto que fue considerado para una nominación a un Grammy Latino.
Héctor Hermosillo comparte con nosotros consejos acerca de la preciosa oportunidad que tenemos los papás de moldear la vida de nuestros pequeñitos y el breve tiempo que están con nosotros. ¿Cómo debemos de aprovechar esa oportunidad?
Michel y su madre Ericka pasaron momentos de angustia cuando él se enfermó, hasta que Operación Bendición le dió los medicamentos que ellos tanto necesitaban.
"No sé porque continuas adorando y clamando al Señor”, dice la voz impaciente. “Dios no te ama. Si lo hiciera, te bendeciría con hijos. Seguramente pecaste mucho para ser estéril, y no te estás volviendo más joven”.
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Como muchas grandes ciudades del mundo, la Ciudad de México tiene un lado oscuro. Son zonas en donde familias enteras luchan por sobrevivir de aquello que otros desechan y donde, tristemente también niños abandonados luchan por conseguir su sustento. Rosilia Guerra era uno de estos niños.
Rosilia y sus hermano tuvieron que vivir en la calle, siempre con hambre, sucios, greñudos, llenos de piojos en la cabeza, en el cuerpo y llenos de llagas. Pero el instinto por sobrevivir de Rosilia era muy fuerte, toda una luchadora, así que en su poco conocimiento de cómo ayudar a sus hermanos, comenzó a robar, hasta que a los 13 años cayó en una prisión. Y aunque era menor, Rosilia fue encarcelada con prisioneras adultas.
Cada una de las prisioneras que estaba ahí le enseñó algo sobre delinquir, así que apenas salió, comenzó a practicar lo que había aprendido en la prisión.
La vida de Rosilia se desarrolló “dentro y fuera de la prisión”. Ella tuvo su primer hijo a los dieciséis años y para cuando tenía veintiocho, ya se había convertido en una ladrona profesional. Rosilia se justificaba diciendo que robaba para sus hijos, para darles a ellos las cosas que nunca tuvo, pero realmente, sus hijos no necesitaban eso. No necesitaban cosas materiales. Los niños solo necesitaban de su mamá, afecto que Rosilia no sabía cómo dar.
Antes de los 30 años, Rosalía ya había tomado medicamento psiquiátrico, consumido droga, y convertido en alcohólica. Producto de ese desorden, las caídas en prisión aumentaron, así que la segunda vez que fue atrapada, recibió una sentencia de ocho años de prisión, lo que la llevó a pensar que ahí iba a morir.
Un día en prisión Rosilia quiso iniciar una pelea con una prisionera que le quiso hablar de Dios, y aunque Rosilia solo quería hacerle daño, su compañera de prisión le respondió con cariño y amabilidad, eso le produjo cierta curiosidad que le impidió usar los golpes. Rosilia estaba confundida, había vivido toda su vida con el código de ojo por ojo, diente por diente. No obstante, estas cristianas le devolvieron amor por su odio, eso la impactó. A las pocas semanas, sus cuatro hijos pequeños fueron apartados de ella por los servicios sociales. Así que sin pensarlo, se fue a la oficina del jefe de trabajo social y comenzó a golpearlo en señal de venganza.
Rosilia fue llevada en custodia y encerrada en el apando, la parte más baja de la prisión, un lugar de espanto y terror. Y estando presa abajo de la tierra, en el subterráneo, comenzó a gritar a Dios: “¿a dónde estás?, ¿si tú de veras estás vivo, porque no vienes y me sacas de este lugar, y me salvas de este castigo?” – Ahí, Dios se le presentó y le mostró su amor y perdón, sentimientos que llegaron directo a su corazón.
Rosilia pasó otro año de su sentencia sin incidentes y consiguió la libertad por buena conducta. Pero su oración más importante fue respondida cuando se reunió con sus hijos y pudo ser la madre que siempre quiso ser, su vida ahora había dado un giro total.
Viviendo en libertad, Dios tenía preparado algo especial para Rosilia, así que en su corazón despertó el deseo de ayudar a los demás, pero ella consciente de su situación económica pidió a Dios por ayuda para emprender esta misión, así que ella respondió a ese llamado. Rosilia fue por las calles recogiendo niños y niñas abandonadas que tenían problemas mentales y físicos.
Hoy día Rosilia, quien comió de los basureros, vivió en carros viejos, quien nunca tuvo un hogar cuando niña, ni el amor de sus padres y se enseñó a si misma a leer en prisión, ha establecido y dirige tres hogares que proveen el cuidado básico a aquellas personas que no tienen de quien recibirlo, pero sobre todo a darles amor y llevarles el plan de Jesucristo a sus vidas; ella vive día a día sabiendo que Dios la respalda y le da todo el amor y apoyo que necesita para ayudar a estos niños buscando la voluntad de Dios para su vida.
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1 de Juan 4:16b PORUE DIOS ES AMOR.
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