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¿Crees que sea posible perdonar la infidelidad? Lucila de Medina, en Ecuador, tuvo que hacerse esa pregunta cuando descubrió que su esposo se había involucrado con otra mujer. Su matrimonio tambaleaba, su esperanza estaba casi perdida, pero encontró la respuesta justo a tiempo.
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Luego de cuatro años Funky regresa no solamente con disco nuevo, “Reset” sino con un libro. Disfruta de la entrevista que le realizamos en el Club 700 Hoy.
En nuestra sociedad moderna, los centros comerciales parecen haberse convertido en los lugares preferidos de entretenimiento de las personas. Pero aun así, los mercados se resisten a morir y ofrecen muchas opciones para pasar un buen rato.
Irma Cortés – Por ganar un lugar
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Irma, de México, sufrió continuas muestras de odio y de rechazo por parte de su mamá pero ella nunca se dio por vencida, estaba dispuesta a todo con tal de ganarse un lugar en el duro corazón de su madre sin importarle aún que tan oscuros fueran esos caminos.
El recuerdo que Irma Cortés tiene de su primera menstruación a los 12 años fue el maltrato y la humillación por parte de su madre.
Yo no lo entendía y lo que me decía ella: “Es que tú eres la amante de tu papá por eso nunca te voy a querer”.
Una mañana descubrió hasta dónde podría llegar el odio de su mamá.
“Mi hermano, medio hermano que yo tenía, dice: “Yo me voy a ir para Monterrey”, “Llévate a tu hermana” dice “y allá la vendes y ya después cuando ya tengas el dinero ya me lo mandas” y quedaron de acuerdo que si, entonces esa noche yo escuché, entonces al otro día yo me fui con mi esposo que era mi novio”.
Aunque había salido del hogar de sus padres, Irma aún anhelaba el amor que injustamente le negaron. Para obtenerlo, puso en marcha un plan que había aprendido de su papá.
“Mi papá ataba muñecos, hacía muñecos y los ataba, les ponía alfileres, les ponía listones y así y los enterraba. Mi papá invocaba a Lucifer, entonces yo decía, pues hay un rey. Invocaba a Satanás, para que él me ayudara para que mi mamá me quisiera a mí porque yo no sentía el amor de mi madre”.
Como no conseguía lo que tanto anhelaba, Irma creyó que sus hechizos no surtían efecto. Pero pronto comenzó a recibir visitas de personas que pensaban lo contrario.
La gente llegaba a ella pidiendo que sus esposos regresaran a sus casas, que querían saber si tenían otra mujer, querían saber también cómo hacer fortuna.
Fue así como, mientras su esposo salía a trabajar, ella se construía una reputación por sus habilidades con la brujería. Y aunque en su casa no faltaba nada, aún le quedaba un precio que pagar.
Convencida de que sus angustias tenían que ver de alguna manera, con la hechicería que practicaba, decidió probar con un trabajo diferente, aunque eso significara renunciar a su fuente de ingresos.
“Yo desde que dejé todo ese trabajo, ya no quería yo hacerlo porque ya no era vida”.
En medio del aroma de las tortillas recién hechas, la dueña de la fábrica compartió con Irma el secreto de su éxito en la vida.
“Me enseñaron que en la Biblia hay una palabra de Cristo que podía sacarme de las tinieblas y que había una luz para mí. Yo le dije a mi padre, “Padre yo te acepto en mi corazón y en lo más profundo, que tú eres el único verdadero”. Yo le dije al Señor Jesús que si Él cambiaba la vida y le daba la sanidad a mi familia, que ÉL me cambiara primero a mí”.
Irma supo que era el momento de arrancar, de raíz, la fuente de aquellos males. Su fe en Cristo ahuyentó sus temores.
“Teníamos abundancia, a pesar de que yo ganaba poquito el dinero rendía y ahí yo empecé a acercarme”.
Cuando pensaba que su vida estaba ya resuelta, Irma tiene que enfrentar un nuevo reto.
A su mamá le dio cáncer. Y ella decía que eso le había salido de castigo por todo lo que le había hecho a su hija y le pidió perdón.
Yo le dije, “Pero Dios la ama, a Él pídale perdón”. “Quiero que usted acepte a Dios en su corazón” y me dijo que cómo era eso y la misma oración que yo hice, yo hice que ella repitiera. Y ella me dijo, “Puedes irte en paz hija, yo ya tengo tranquilidad en mi corazón y sé que me amas”.
Su madre falleció unas semanas más tarde. Irma se despidió de ella con paz en su corazón.
No sentía yo el rencor que sentía yo antes, yo ya no sentía rencor. Yo amaba a mi mamá. “Gracias Padre, porque me hiciste sentir el amor que yo nunca pensé sentir por esa persona”.
Hoy, Irma puede recordar el pasado con la certeza de que es Dios quien dirige su futuro.
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