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¿Crees que sea posible perdonar la infidelidad? Lucila de Medina, en Ecuador, tuvo que hacerse esa pregunta cuando descubrió que su esposo se había involucrado con otra mujer. Su matrimonio tambaleaba, su esperanza estaba casi perdida, pero encontró la respuesta justo a tiempo.

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Una buena inversión

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PobreEl mejor 

historiaLa situación en la que Joanna Perco podría haber llegado a este mundo tiene que ver con una relación muy corta, un lapso de tiempo muy corto entre su madre que en ese momento tenía 19 años y su papá.

"Mi mamá quedó embarazada, con mi papá desde ahí no tuve más contacto con él, ni siquiera cuando nací, nunca apareció".

Tengo el recuerdo muy lindo de una mamá muy cariñosa que siempre buscaba estar, siempre aparecía con algún regalito y siempre sintiéndome muy especial pero claro, como ella era tan jovencita y tuvo que abandonar los estudios, se empezó a dedicar más a trabajar y las horas que me podía dedicar a mí cada vez se iban acortando más así que también tengo el recuerdo de pasar mucho tiempo sola, con mi abuela.

La soledad me acompañó en la niñez y la tristeza me acompañó en la adolescencia, no sabía por qué pero yo podía ser alegre, ser bochinchera donde estudiaba pero yo no podía controlar algo que me pasaba y era que en un dos por tres me sentía mal, me ponía a llorar y me tenía que ir del lugar donde estaba, simplemente era algo que oprimía mi pecho que sumado a que quizá no me sentía linda, no me sentía valorada. Creo que ahí fue el tiempo en que empecé a considerar seriamente que no había sido valorada por mi papá y eso inconcientemente creo que fue el puntapié para que la tristeza se convirtiera en mi segunda compañía en la vida.

La radio siempre fue algo muy presente por mi abuela, ella siempre escuchaba programas evangélicos, yo sentía que era eso lo que me hacía compañía, era el que rompía mi soledad, el que rompía la tristeza, yo sentía que podía llegar hasta donde yo estaba, invadirme y hacerme sentir bien a través de una palabra y eso que era muy chica y quizás predicadores que nunca sabré como se llaman…

Los años pasaron y la compañía de la radio no fue suficiente.

Ya cuando estaba saliendo de 2do año de la facultad digamos que la tristeza se convirtió en depresión, comencé a tener períodos en los que descontroladamente me ponía a llorar, me sentía mal, me sentía impotente, no sabía explicar lo que me pasaba pero tengo muy presente que yo en ese tiempo anhelaba conocer a Dios.

Volví de vacaciones y me fui derecho a la facultad, me sorprendió una amiga que iba a hacer lo mismo que yo, ella me hace un comentario acerca de un campamento “como vos estás a fin con Dios” dice, “yo creo que este campamento te va a gustar, van a haber muchos chicos” inmediatamente yo pensé “esta chica está loca”, trató de argumentar de todas las maneras posibles que no era casualidad que yo fuera a ese lugar.

La búsqueda de Joanna continuaba.

Y había en mi casa un libro que le habían regalado a mi abuela que se llamaba “¿Eres o no eres cristiano?” y el autor del libro que es Luis Palau, dice en un momento: “Bueno, el fin por el cual estás leyendo este libro es para que yo te cuente cómo conocí a Cristo en un campamento un 12 de febrero de 1956” y el campamento empezaba un 12 de febrero de 2001, y yo entendí en mi corazón que Dios me dijo, “yo quiero tener un encuentro contigo el 12 de febrero del 2001” sentí que el techo de mi casa se había achicado, que todo estaba sobre mí, y que si no armaba ese bolso rápido Dios iba a tocar la puerta, no sé, algo él iba a hacer para sacarme de mi casa.

Joanna cambió de opinión, llamó a su amiga y fue al campamento.

Me acuerdo que la primera noche, quien estaba dando la iniciativa, la charla, desafiando a los jóvenes, me desafió a mí también y me acuerdo que pasé adelante y simplemente me puse a llorar. A la mañana había alguien que estaba charlando y al final dijo “Bueno, Dios está esperando que decidas por Él” y me acuerdo que me puse a llorar y le dije a Dios: “Dios no tengo fuerzas, no tengo la suficiente valentía, el coraje necesario como para traerte una excusa hoy ante esta decisión, no sé cómo vas a hacer pero si esta es una señal de entrega, me rindo, te entrego mi vida, no sé, hacé lo que puedas hacer, yo hice todo” y por primera vez pude asociar la figura de Dios como alguien que tiene poder, como alguien que te puede ayudar y en el mismo lugar, cumplir ese rol de padre.

Hay gente que me mira ahora y dice “Joanna sigue tan alegre como antes” la gran diferencia está por dentro a veces. Y en que en realidad es perdurable.

Joanna hoy trabaja como locutora radial, cumpliendo así su sueño de adolescente.

Increíblemente esas cosas que Dios hace, entendí que no era algo para mí sino algo que Dios me daba para estar cerca de otros que como yo, necesitaban escuchar que Dios está dispuesto a invertir en vidas que quizá a simple vista uno dice “¿qué puede dar?” bueno… ¡yo soy la inversión de Dios!

Con su nueva vida en Cristo su soledad se desvaneció y su tristeza se convirtió en alegría, la cual fue creciendo al conocer a Marcelo.

Marcelo nos comenta, "Obviamente que en ella no noto esa soledad, esa inseguridad, esa baja autoestima, es una persona segura, plena, indudablemente no tiene que ver con esa persona que me contaban de ella".

Hoy ya no tengo rechazo, no tengo soledad, no hay tristeza en mi corazón, me siento valorada, amada… tengo una identidad en Dios. La verdad que fue maravilloso, de verdad, ¡nunca pude volver a ser la misma!

 

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Comentarios  

 
0 #1 ricardo chiesa 11-07-2011 10:33
Te felicito por entregar tu vida a Dios, ya no tenes tiempo de pensar en tristezas y cosas feas y sabes que a cualquier lado que vayas esta tu gran Padre: Dios y Jesus en tu corazon
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