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¿Crees que sea posible perdonar la infidelidad? Lucila de Medina, en Ecuador, tuvo que hacerse esa pregunta cuando descubrió que su esposo se había involucrado con otra mujer. Su matrimonio tambaleaba, su esperanza estaba casi perdida, pero encontró la respuesta justo a tiempo.
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En nuestra sociedad moderna, los centros comerciales parecen haberse convertido en los lugares preferidos de entretenimiento de las personas. Pero aun así, los mercados se resisten a morir y ofrecen muchas opciones para pasar un buen rato.
Lo que parecía imposible
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La muerte de su padre llevó a Julio Pino a desarrollar un comportamiento marcado por la ira y el rencor. Este comportamiento siguió con él y cuando se convirtió en padre, descargaba todo ese enojo contra su propio hijo llegando al abuso físico.
Julio recuerda, “perdí la esperanza, las ganas de vivir, las ganas de salir adelante, todas esas cosas se fueron con la partida de mi papá, para mí era como si la vida se hubiese acabado, él era la persona a la que yo mas apreciaba, él era mi ídolo”.
Julio mostraba su ira contra todo y contra todos, especialmente contra su hijo mayor. Le golpeaba, le gritaba, lo insultaba, Julio lo castigaba sin ningún motivo.
La agresividad era cada vez más intensa e incontrolable. Empezó a ser agresivo con las personas de la calle, con los vecinos, con todos los que le rodeaban.
Su hijo empezó a mostrar las señales de violencia que recibía de parte de su padre. En el colegio donde estudiaba, las profesoras se dan cuenta y lo remiten a la psicorientadora; él le dice a ella que está siendo golpeado y maltratado por su papá, entonces, ella llama a Julio y le dice, “el niño está muy mal académicamente porque el niño no rinde en clases a causa de la violencia, que viene sufriendo”.
Al escuchar esas palabras Julio experimentó un sentimiento que nunca antes había tenido. Tenía ganas de cambiar pero no encontraba una puerta abierta por dónde salir de ese cuarto en el que estaba encerrado.
En ese mismo momento, la orientadora le presentó a una persona que dijo le podía ayudar y entonces, Julio empezó a encontrar una salida.
Julio tiene el momento en su mente muy presente, “El pastor Alex. Cuando tengo oportunidad de conocerlo y él charla conmigo y me hizo una invitación, él me dijo: “Hay alguien que puede cambiar tu vida”, y me invitó a conocerlo”.
Aquel hombre se refería a Jesucristo, por eso, invitó a Julio a un grupo en el que se hablaba de Él.
“Ese día llegué a sus pies y entregué todo, toda la maldad, toda la agresividad, todo lo que estaba mal delante de los ojos de Él, ese día lo entregué.
Desde aquel mismo instante, Julio empezó a ver los resultados de la oración que había hecho.
“¡Descansé! Cuando acepté a Jesús descansé, era como si me hubiesen quitado de encima una tonelada de peso que llevaba encima y que no podía más con ella, ya no podía más. Ese día las cosas tenían que cambiar y cambiaron para bien aunque no fue enseguida, fue un proceso lento, muy lento que demoró casi tres años ese proceso, un proceso en el cual empecé a conocer a Jesús y Él empezó a obrar en mí, empezó a quitar toda la agresividad que existía”.
En este proceso, Julio fue capaz de hacer cosas que antes ni siquiera imaginaba, empezando con su hijo.
Y gracias a su propia experiencia, hoy Julio afirma que a pesar del dolor que causó, es posible restablecer una relación entre un padre y un hijo.
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